La luz de la destrucción

 

La luz de la destrucción,

la riqueza de las desgracias,

el dulzor del fracaso;

El luto del carnaval,

el viaje sin destino de los trenes,                       

las tormentas con truenos,

relámpagos,

sin lluvia;

El dolor por nada, la nada que invade todo, toda la nada que nada en todo;

La descripción, la reflexión, la pasividad, la epopeya, la naturalidad, lo artificioso, la finalidad.

Mi antigua libertad, mi querida esclavitud, mis pensamientos a musas, la incomprensión.

 

     *     *     *     *     *     *     *     * 

 

Sueño con quimeras imposibles

que talan ideas de mi mente

para sembrar

en pequeñas parcelas adyacentes

semillas de loco frenesí.

Aúllo a la luna mi cobardía,

De no decir lo pensado sin pensar

Y lloro a la noche mis penas

Vislumbradas en un vaso de cristal.

Frente a un espejo mi reflejo

más allá de su hipocresía no ve

De dos personajes desdoblados

Su persona ni su ser.

 

     *     *     *     *     *     *     *     * 

 

Cuando la tristeza, sola y llana, te aconseja no la dejes de escuchar. Siempre que ella está presente, tú estás más cerca de tu alma, siempre que ella te reclama, tú te sientes más cercano a ti; y te preguntas para qué sirves, porque estás así, tus pensamientos por qué no te dejan en paz, tus sueños por qué son como son, la gente por qué existe, tú por qué existes, existe algo que se pueda considerar divinidad o es esta divinidad nuestra propia degradación; vicios y prejuicios de una inmunda desolación. Cuando estás así no sabes ni lo que escribes porque las propias letras son cárceles para nuestra expresión; pero pensamos en letras, en imágenes, en sonidos, soñamos en una realidad que existe aunque esté alterada. Y sin embargo, sabemos que tiene que haber algo más pero no sabemos qué es y siguiendo con todo continuamos pensando y no sabemos canalizar nuestra energía como lo haría un mosquito para poder volar; y sí, eso es lo que queremos, volar, desaparecer, realizar lo inverosímil, obtener lo imposible sin arrepentimientos; y si tenemos conciencia es porque es nuestro peor castigo, nuestra peor arma destructora, pensamos demasiado, lo animales no piensan y por eso viven tranquilos, el día a día, sin futuro, sin más. Nosotros, en cambio, no. Tenemos esa luz que es la conciencia, esa luz de la destrucción.

 

la luz de la destruccion

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