Archivo para marzo, 2009

Malentendiéndose

Posted in Entre la vigilia y el sueño with tags on 28, marzo, 09 by La aceituna balsera

Miraba los estantes de la sección de vinos de un supermercado cualquiera, improvisando de lo poco que sé sobre el asunto para elegir un vino decente a buen precio. A la vez mantenía una conversación telefónica y trataba de conservar intacta la concentración en ambas actividades, lo que que ya eran tres tareas a la vez,  logro harto difícil para las personas de mi condición, como es sabido. En esta situación de equilibrio inestable me hallaba cuando con el rabillo del ojo, el izquierdo para ser más exactos, pude detectar el vacilante dejarse caer al suelo de un billete de 10 (diez) euros, cual hoja otoñal describiendo su último movimiento browniano, perteneciente, el billete, supuse por su proximidad, a una chica que se encontraba vacilante también frente a la estantería repleta de botellas. Mi proceso mental quedó involuntariamente colapsado en aquel preciso instante, mi corteza cerebral y lo que quiera que sea que hay más internamente y no por ello menos  importante, sufrieron una temporal y arbitraria desconexión a la manera de los pueblecitos aislados por la nieve. Algo grave ocurre cuando se activa nuestro finísimo sistema de detección de dinero perdido, de modo que me vi forzado a balbucear penosamente através del teléfono móvil una especie de disculpa por la inatención e instantáneamente, y sin llegar a percatarme, dejé de seleccionar vinos. Mis sentidos obstinados convergían en un miserable billete de 10 (diez) euros posado en el suelo. Por alguna extraña razón señalé el billete con un impulsivo dedo apuntador, tratando de llamar la atención de la chica (que en realidad no era tan chica, pero si muy menuda y de apariencia endeble), y de esta manera me vi desligado de toda responsabilidad sobre aquel suceso, tan común por otro lado, regresando automáticamente a mi conversación y al examen de bodegas y precios.  Campoviejo: 3.15, Cune : 5.75, Pinna Fidelis: 6.15, “¿ Que tal tu madre?”-“Parece que mejor”. Por eso no pude dejar de sorprenderme al comprobar que pasado un rato, tanto el billete como la chica no tan chica continuaban impasibles en el mismo lugar. “No se ha dado cuenta la pobre”. Me agaché, agarré el dinero y se lo alcancé levantándolo a la altura de los ojos; ahora pude ver que la chica no tan chica tenía efectivamente una edad absolutamente indeterminada, con rasgos infantiles pero con la piel cubierta de más piel muerta de lo habitual, formando costras de color sonrosado y blanquecino remarcadas por la luz fluorescente e inmisericorde del supermercado y unos ojos vivaces y limpios, casi transparentes, oceánicos, eternos, que me miraron con ternura y vergüenza. Llevaba una boina francesa oscura y las manos enfundadas en unos guantes negros y sucios sobre otros guantes blancos de algodón que asomaban por debajo. Una de esas manos se acercó delicadamente al billete con la dubitativa intención de cogerlo, pero en su lugar comenzó girar entorno a él, esquivando mis movimientos para entregárselo y poder soltar el maldito billete: se acercaba por la derecha y retrocedía a mi avance, luego por la izquierda, por arriba y por abajo, ejecutando magistralmente una danza absurda alrededor de mi mano desconcertada. Al otro lado del teléfono alguién debía estar esperando una respuesta que no llegaba mientras el manojo de guantes continuaba bailando tembloroso, con la elegante cadencia de un vals demencial, intercalada por silencios espasmódicos y redoble de calambres. Creo que empecé a ponerme ligeramente nervioso y debió notarlo, porque entonces volvió a mirarme y levantando los hombros dijo: ” Es que quiero cogerlo por donde no ha tocado el suelo… Rarezas…” Me quedé inmóvil, haciendo algo parecido a comprender y aprovechó para pellizcar el billete justo por donde yo lo tenía cogido, sin llegar a tocarme siquiera. Sonrió, tímida y se fue. Me llevé a casa un vino cualquiera y la sensación pegajosa de haberme metido donde no me llaman.

 

diez (10) euros

Sillas vacías

Posted in Entre la vigilia y el sueño with tags , on 28, marzo, 09 by La aceituna balsera

Se marchan y no volverán,

no lo esperaba.

Se van, y en mi vuelven

los viejos fantasmas.

Nos despiden aquí

los tiempos mejores.

Y se acercan de nuevo

las sillas vacías.

En la mesa cuatro comensales esperan al cocinero. Les ha prometido deleitarlos con manjares que ninguno ha probado jamás. En el reloj de pared giran las manillas sin detenerse. Tres de ellos empiezan a impacientarse. El otro les mira y no entiende nada. La noche avanza y el hambre empieza a hacer mella. De los cuatro solo él permanece sentado, los otros se han levantado y han iniciado la búsqueda del cocinero por toda la casa. A lo lejos escucha cerrarse una puerta. El mismo silencio estalla en mil pedazos. Se rompen los platos. Se rompen las copas. El otro permanece sentado, sigue sin entender nada. El vino derramado gotea por los bordes de la mesa, las gotas dibujan formas violetas en las sillas vacías.

Oda al ser humano y aDiós

Posted in Entre la vigilia y el sueño with tags on 27, marzo, 09 by La aceituna balsera

Hola, guapo, no sabes cuanto te he estado esperando“, me dijo ella. Allí, tan quieta, tan misteriosa, tan segura de que realmente era a mí a quien sin duda llevaba tanto tiempo esperando.

Creo que ha llegado el momento” apresuraba a decir para evitar cualquier otro desvío en la conversación, mientras suavemente, flotando, su inmensidad celular se dirigía hacia a mí. Sin saber por qué, mi flagelo se movía alocadamente y de forma irremediable dirigía mi cabeza hacia su redondeado cuerpo. Así culminó mi existencia como espermatozoide, en poco tiempo, mi anhelado óvulo y yo nos vimos convertidos en este indefenso bebé, otrora feto, que tanta inquietud despierta.

Tiempo después el niño crecerá, aprenderá la conducta de sus semejantes, aunque él no quiera, pronto lo unirá a su particular forma de ser, pensará que es mejor que el resto de sus semejantes, pensará que es un inútil, hará reír, llorar, reirá y llorará, pegará y será pegado, estudiará, delinquirá, se emborrachará, fumará, prohibirá beber y fumar, matará, será juez, será cura, salvará vidas, será político, será un dictador, será uno más, será pacifista, será un artista, será un vagabundo, será un visionario, será maestro, será inventor, fundará una secta, seguirá una religión, hará todo lo anterior en distintas etapas de su vida…

Pero sobre todo, será malo, será un desgraciado; porque ha nacido para sobrevivir, y aunque luche por ello siempre le acechará una ocasión en la cual demostrar cuan ruin es. Porque todo el mundo es un hijo de puta hasta que demuestre lo contrario. Y lo será, lo llamará y se lo llamarán.

 

inmensidad celular pluripotencial

Se hizo esperar pero… ¡por fin llegó la primavera!

Posted in Bemoles y sostenidos on 20, marzo, 09 by La aceituna balsera
http://www.goear.com/files/sst/9f8dc841bc796a297513f46a2961b8ca.mp3″

Se chove que chova que xa parará

Posted in Entre la vigilia y el sueño with tags on 09, marzo, 09 by La aceituna balsera

       – Nota: léase con acento gallego –

        Vaya tiempo, eh, y es que está medio loco; en cuanto se pone a llover no ve uno el momento de que pare. Y que conste que a mí me gusta la lluvia, que si me falta mucho tiempo hasta siento que me falta algo; pero hombre, con algo de moderación. Y la verdad es que últimamente no ha habido lo que se dice mucha; que si queremos agua, un diluvio que te crió, que si aire, toma vendaval, que si calor, menuda sequía. Pero para gustos los colores y siempre que a uno le viene mal una cosa a otro se las dan rodadas. Algunos invocan a casi todos los santos, para bien o para mal, para que pare esto de una vez y luego, se les ve rezando plegarias a los mismos porque esta tierra nuestra se ve amenazada por las llamas. No queríais lluvia, pues tomad lluvia -dirán riendo desde allá arriba. Pero lo cierto es que ni a nosotros mismos nos comprendemos, ¡qué cambiamos más que el tiempo! De pequeñitos lo mismo nos daba, a nuestras madres no, claro está, pero a nosotros, que podíamos estar bajo pleno sol de julio sin protección de ningún tipo o en mangas de camisa en una tarde fría de febrero, esas cosas nos traían al fresco; a lo más, sabíamos que al menos una vez al año íbamos a estar febriles; con las consiguientes regañinas y el “ya te lo dije” de mamá y, también, con sus mimos y sus desvelos nocturnos.
        ¡Hala! Ya está, ya me entró la morriña. Si es que cuando me pongo a mirar como llueve por la ventana se me pone una cosa así en el estómago… De siempre que me pasa, no sé, reacciones psicosomáticas de esas que dicen los psicólogos; que yo no entiendo de esas modernidades. Mi abuelo, en cambio, me decía que con la lluvia la morriña venía como la mula al abrevadero. Porque era entonces cuando el mundo se detenía y esperaba contemplativo el caer de las gotas; y nosotros, que siempre estamos pendientes del porvenir teníamos la obligación de echar la vista atrás y cuadrar las cuentas de nuestra vida. Sabíamos que en cuanto escampase el presente se transformaría en un futuro continuo, todo sería olvidado de nuevo y se haría borrón y cuenta nueva.
        ¡Pero me parece a mí que me estoy metiendo en filosofías de esas! Que la verdad yo de esas cosas apenas sé nada; bueno lo justo que recuerdo del colegio y poco más. Algo que aprendí de memoria a base de palos, “cogito ergo sum”, y de lo cual ni me acuerdo de lo que significa, ni me ha servido de ayuda en la vida; y también algo de un tipo importante que sólo estaba seguro que no sabía nada. Que digo yo que ni que hubiese descubierto la pólvora; porque así he ido yo por la vida, sin saber casi de nada, y quizás me hubiera ido mejor sabiendo un par de cosillas de más.
        Y es que a ustedes no sé como les ha tratado la vida, pero a mí, desde bien canijo, me avisó que esto no iba a ser un camino de rosas. La infancia que es muy jodida, carallo. Y no es porque me haya faltado algo que llevarme a la boca, que de eso, gracias a Dios, no ha habido. Pero es que a esas edades se es muy cruel y hay cosas que se graban a fuego para siempre. Porque yo muchas veces pienso en esto, que aunque no lo parezca yo soy mucho de darle vueltas a la cabeza, y creo que cuando realmente se ve cómo es una persona, así, sin máscaras ni estatus sociales de esos, es en la infancia. Es ahí donde se pueden estudiar los instintos propios del ser humano: la envidia, la crueldad, el odio. Y yo sé de lo que me hablo; que me fijo mucho en los niños de ahora, tanto que ya alguna madre me ha intentado denunciar por pedófilo; que aunque no sé lo que significa esa palabra tiene un sonido un tanto asqueroso. Pero, la verdad, es que no añoro nada esa etapa, excepto, en estos días de lluvia, en los que me quedo ensimismado viendo resbalar las gotas a través del cristal de la cocina. Dicen que cada persona es un mundo y que cada uno tiene sus cosas, pero a mí, no sé porque me viene esta morriña, o melancolía o yo que sé, cuando está el cielo gris. Me quedo mirando como embobado, como si no tuviera más cosas que hacer. Y, a veces, en un acto de rebeldía conmigo mismo me digo: A la mierda, ¿cuándo carallo parará de llover? Y si el fantasma de mi abuelo en ese momento pasa por ahí responde proverbial: Se chove que chova que xa parará.

Para invocar la llegada de la primavera

Posted in Bemoles y sostenidos on 08, marzo, 09 by La aceituna balsera
http://www.goear.com/files/sst4/03764db5e861159fbe7b64a177e9de92.mp3″

El sustanciero

Posted in Entre la vigilia y el sueño with tags on 06, marzo, 09 by La aceituna balsera

Sentado sobre aquella tosca piedra, mirando el chisporroteo de las últimas brasas encendidas, le venían a la cabeza imágenes y nostalgias de un tiempo en que no era habitual dormir cada noche en una cuadra diferente. Tampoco lo eran el silencio y la fatiga que sostenían los días entre sí como el barro los adobes de una pared ruinosa. Pensaba esa noche en queso y azúcar, en sábanas y otras amabilidades que la vida tuvo con él no hacía tanto, aunque ahora lo blando, lo dulce y lo suave le parecían indistinguibles como sombras en una habitación oscura, incomprensibles como trazos de palabras extranjeras incompletas. Ahora le era más cercano el olor a pis, el calor humeante del estiércol cuando había suerte. Mientras llegaba al fondo brillante de la escudilla ya casi vacía de la sopa que recibía a cambio de dejar hervir un rato el hueso rancio de jamón en el  puchero familiar ajeno,  sentía en el estómago el presagio de que el mundo estaba poco a poco convirtiéndose en un rebaño de lobos con piel de cordero, en una especie de paraje terroso y yermo donde desconocidos giraban acompasadamente en círculos concéntricos, separados entre sí por muros invisibles ; es posible que lo que notaba  sólo fuera el agudo punzón del hambre o el sordo eco de una indigestión lejana, pero era real como la desesperación de saber que a aquel hueso roído, que era su única posesión, como a los suyos propios, no le quedaba más tuétano que cocer, ni más sabor que dar al caldo. Canturreaba mientras esperaba que el dueño de la cuadra y el puchero también se diera cuenta…

el sustanciero