Se chove que chova que xa parará

       – Nota: léase con acento gallego –

        Vaya tiempo, eh, y es que está medio loco; en cuanto se pone a llover no ve uno el momento de que pare. Y que conste que a mí me gusta la lluvia, que si me falta mucho tiempo hasta siento que me falta algo; pero hombre, con algo de moderación. Y la verdad es que últimamente no ha habido lo que se dice mucha; que si queremos agua, un diluvio que te crió, que si aire, toma vendaval, que si calor, menuda sequía. Pero para gustos los colores y siempre que a uno le viene mal una cosa a otro se las dan rodadas. Algunos invocan a casi todos los santos, para bien o para mal, para que pare esto de una vez y luego, se les ve rezando plegarias a los mismos porque esta tierra nuestra se ve amenazada por las llamas. No queríais lluvia, pues tomad lluvia -dirán riendo desde allá arriba. Pero lo cierto es que ni a nosotros mismos nos comprendemos, ¡qué cambiamos más que el tiempo! De pequeñitos lo mismo nos daba, a nuestras madres no, claro está, pero a nosotros, que podíamos estar bajo pleno sol de julio sin protección de ningún tipo o en mangas de camisa en una tarde fría de febrero, esas cosas nos traían al fresco; a lo más, sabíamos que al menos una vez al año íbamos a estar febriles; con las consiguientes regañinas y el “ya te lo dije” de mamá y, también, con sus mimos y sus desvelos nocturnos.
        ¡Hala! Ya está, ya me entró la morriña. Si es que cuando me pongo a mirar como llueve por la ventana se me pone una cosa así en el estómago… De siempre que me pasa, no sé, reacciones psicosomáticas de esas que dicen los psicólogos; que yo no entiendo de esas modernidades. Mi abuelo, en cambio, me decía que con la lluvia la morriña venía como la mula al abrevadero. Porque era entonces cuando el mundo se detenía y esperaba contemplativo el caer de las gotas; y nosotros, que siempre estamos pendientes del porvenir teníamos la obligación de echar la vista atrás y cuadrar las cuentas de nuestra vida. Sabíamos que en cuanto escampase el presente se transformaría en un futuro continuo, todo sería olvidado de nuevo y se haría borrón y cuenta nueva.
        ¡Pero me parece a mí que me estoy metiendo en filosofías de esas! Que la verdad yo de esas cosas apenas sé nada; bueno lo justo que recuerdo del colegio y poco más. Algo que aprendí de memoria a base de palos, “cogito ergo sum”, y de lo cual ni me acuerdo de lo que significa, ni me ha servido de ayuda en la vida; y también algo de un tipo importante que sólo estaba seguro que no sabía nada. Que digo yo que ni que hubiese descubierto la pólvora; porque así he ido yo por la vida, sin saber casi de nada, y quizás me hubiera ido mejor sabiendo un par de cosillas de más.
        Y es que a ustedes no sé como les ha tratado la vida, pero a mí, desde bien canijo, me avisó que esto no iba a ser un camino de rosas. La infancia que es muy jodida, carallo. Y no es porque me haya faltado algo que llevarme a la boca, que de eso, gracias a Dios, no ha habido. Pero es que a esas edades se es muy cruel y hay cosas que se graban a fuego para siempre. Porque yo muchas veces pienso en esto, que aunque no lo parezca yo soy mucho de darle vueltas a la cabeza, y creo que cuando realmente se ve cómo es una persona, así, sin máscaras ni estatus sociales de esos, es en la infancia. Es ahí donde se pueden estudiar los instintos propios del ser humano: la envidia, la crueldad, el odio. Y yo sé de lo que me hablo; que me fijo mucho en los niños de ahora, tanto que ya alguna madre me ha intentado denunciar por pedófilo; que aunque no sé lo que significa esa palabra tiene un sonido un tanto asqueroso. Pero, la verdad, es que no añoro nada esa etapa, excepto, en estos días de lluvia, en los que me quedo ensimismado viendo resbalar las gotas a través del cristal de la cocina. Dicen que cada persona es un mundo y que cada uno tiene sus cosas, pero a mí, no sé porque me viene esta morriña, o melancolía o yo que sé, cuando está el cielo gris. Me quedo mirando como embobado, como si no tuviera más cosas que hacer. Y, a veces, en un acto de rebeldía conmigo mismo me digo: A la mierda, ¿cuándo carallo parará de llover? Y si el fantasma de mi abuelo en ese momento pasa por ahí responde proverbial: Se chove que chova que xa parará.

Una respuesta to “Se chove que chova que xa parará”

  1. Adrián Says:

    Que chova a virxen da cova, os paixarinhos cantan e as nubes se levantan, qe si , qe non …. jajajaj

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