Sillas vacías

Se marchan y no volverán,

no lo esperaba.

Se van, y en mi vuelven

los viejos fantasmas.

Nos despiden aquí

los tiempos mejores.

Y se acercan de nuevo

las sillas vacías.

En la mesa cuatro comensales esperan al cocinero. Les ha prometido deleitarlos con manjares que ninguno ha probado jamás. En el reloj de pared giran las manillas sin detenerse. Tres de ellos empiezan a impacientarse. El otro les mira y no entiende nada. La noche avanza y el hambre empieza a hacer mella. De los cuatro solo él permanece sentado, los otros se han levantado y han iniciado la búsqueda del cocinero por toda la casa. A lo lejos escucha cerrarse una puerta. El mismo silencio estalla en mil pedazos. Se rompen los platos. Se rompen las copas. El otro permanece sentado, sigue sin entender nada. El vino derramado gotea por los bordes de la mesa, las gotas dibujan formas violetas en las sillas vacías.

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