Cagaderos de España

Algún emprendedor de los que ahora se amontonan en las puertas de los bancos esperando crédito para poner otro bar u otra inmobiliaria, debería proponerse por fin hacer algo útil y elaborar, para adjuntar con algún suplemento dominical,  La Guía de Cagaderos de España. Simplemente la enumeración de todos ellos podría llevar años de ardua investigación y laborioso trabajo de campo y llenar fácilmente unos cuantos cientos de páginas; pero si además se tratase de un emprendedor realmente de ideas frescas y compusiese una clasificación por condiciones sanitarias, grado de intimidad y disimulo, comodidades, magnitud, ostentosidad, etc… el resultado sería una verdadera obra maestra de las guías de viajes. La Guía de Cagaderos de España incluiría desde la improvisada cuneta de carretera secundaria entre Torremolinos y Marbella a la vista de todos, hasta la más recóndita piedra almohadillada de musgo con vistas al Valle del Jerte, pasando por descampados, jardines, gasolineras, viejas aduanas,  túneles y parkings, por todos aquellos lugares que uno no reconoce hasta que se halla bien metido en ellos, y además los catalogaría en cagaderos de uno, dos, tres, cuatro y hasta cinco gurruños. Porque ¿quién no se ha visto por error en alguna ocasión rodeado por decenas de sospechosos y amarillentos pañuelos de papel? ¿Quién no ha sentido un sudor frío derramarse por la espina dorsal al intuir que se encuentra en un campo minado por misteriosos y prematuros fósiles, engendros de las profundas entrañas humanas? ¿Quién no ha experimentado helársele la sangre al escuchar el zumbido de un enjambre de moscas verdes aleteando espantadas al unísono? Sin duda pertenezco de manera involuntaria a este grupo de exploradores fortuitos de caminos poco transitados, espectadores accidentales del horror. Este manual de cabecera sería de interés para el hombre posmoderno orgulloso de su resplandeciente civilización, para el ciudadano de a pie comprometido con sus sólidas bases ideológicas, con la suela de sus exclusivos zapatos. Una labor cultural, un éxito comercial y un negocio seguro. Porque etiquetar los lugares llenos de mierda oculta sería ampliamente agradecido y pronto serviría de ejemplo para otros países occidentales. Y es que  nada nos avisa tampoco de que al entrar en tal o cual exposición de “arte”, o en aquella otra sala de proyección de “cine”, lo que en realidad hacemos es meternos hasta las cejas en uno de los cagaderos de la red nacional, o de que los sillones aterciopelados de conocidos contertulios de la tele o el escaño del honorable dirigente político del Ayuntamiento de tu ciudad esconden verdaderos zurullos humeantes, o de que las corbatas que engalanan los cuellos que ahora no dan crédito no han servido más que para limpiar algún noble culo y de que algunos de los contratos que firmamos no pasan de ser vulgares Kleenex® estampados; sin La Guía de Cagaderos de España nada nos previene de que el ponente en un curso de verano de la Universidad es un chorizo consumado todavía caliente. Porque la mierda es siempre mierda. Porque los cagaderos a menudo los encuentra uno donde menos se lo espera y adentrarse inadvertidamente en ellos resulta cuanto menos molesto. Aunque tal vez sea que profesamos una inconsciente fascinación por la caca.

Caca de  Piero Manzoni

Pie de foto: A Piero Manzoni no le tembló la mano al firmar su serie limitada y numerada de latas con su propio excremento dentro y no reculó al decidir avisar en el exterior de lo que había en el interior. A pesar de ello las vendió, según dicen, al valor de su peso en oro en aquel momento.

P.D. Investigando más sobre el tema ha salido a la luz que Manzoni se burló con sus latitas de Merda di Artista por partida doble, ya que al parecer no contienen mierda sino yeso, que vendió enlatado, eso sí,  a peso de oro… Apasionante. Para más detalles pincha aquí

Nota – Haciéndose eco de la sugerencia a nuestra guía, el todopoderoso Google Maps ya ha creado diferentes recorridos para ir de Repente a Kagar.

5 comentarios to “Cagaderos de España”

  1. Te podrá sorprender, pero no me ha dejado indiferente el título… (:)
    En cambio, la “latita” me suena, ¿puede ser?🙂

  2. Aceituna Balsera Says:

    Si Anna, la latita era esa… ¿estaba caducada?
    Investigando sobre el tema hemos encontrado un grupo de emprendedores de ideas realmente frescas que se han puesto manos a la obra en algo parecido a lo que pretendíamos incentivar. Es satisfactorio encontrar otras personas con similares inquietudes.
    Podéis verlo aqui: http://www.guiaesfinter.com/

  3. Do you suggest it will be the place to be?

  4. Olivares Says:

    Y a quién demonios se le ocurre abir una lata de mierda? es más, por qué ese sujeto previamente habría querido gastarse un dineral en comprar la mierda de alguien enlatada? … ante esto me surge un duda: ¿Qué pregunta formular antes para que tome sentido el hecho en cuestión?

    He de confesar; me arruiné comprando al Prado La Maja Vestida…y me indignó comprobar que tras “quitarle” sus sedosas vestimentas no había más que un viejo lienzo en lugar de femenina desnudez…

    Y así se definen tres tipos de artistas:
    – Velzaquez, un artista de la pintura.
    -Manzoni, artista conceptual.
    -el que abrió la lata de mierda que le costó una fortuna: te has lucido…”ARTISTA!!”

  5. La aceituna balsera Says:

    Olivares, has dado en el clavo, o mejor dicho has metido el dedo en el ojete… la fascinación por la caca es así…

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