Creación literaria al recuerdo de un rostro que inspiró una carta de suicidio en una noche de luna llena

    
     En mi impenitente vida he dado muchas vueltas por doquier, esperando volver a encontrarla, esperando volver a sentir su aroma. Cada paso que he dado lo he dado en dirección contraria a lo que me dictaba el corazón, tal era mi terquedad. He cruzado mares, he surcado cielos, siempre intentando hallarla y siempre alejándome de ella.
     Lo primero que recuerdo es un rostro, cabellos negros, mojados por la lluvia, piel pálida y ojos furtivos. Recuerdo esa mirada, ese brillo, ese girarse para despedirse de alguien. Fue un instante, lo recuerdo, algo que seguro pasó inadvertido para todos pero no para mí. Estuve luego varios días dándole vueltas en mi cabeza a ese encuentro; en cuanto mi mente se dispersaba de los quehaceres cotidianos, sus ojos, sus pequeñas arrugas al fruncir los labios en una ahogada despedida, su aura de tristeza, las gotas que resbalaban por su cabello hasta el cuello… me invadían de imágenes el cerebro. Intentaba inventarme un pasado para esa situación, una historia propia y personal; creaba una tragedia con sus distintos personajes cuyo desenlace me atrevía a preveer; o intentaba ser más realista y le daba motivos y detalles más mundanos a esa situación.
     El transcurrir de los días no solo no disipaba su impronta, sino que mis recuerdos cada vez se iban modelando más a su conveniencia; sus cabellos negros se volvían del ébano más brillante, su piel despedía el fulgor de la luna llena, y la lluvia eran gotas puras de un glaciar derretido. Pero sus ojos, sus ojos no podían albergar una tristeza más pura de la que me pudiera imaginar.
     Pasaron las semanas, los meses, y la imagen pasó del recuerdo al anhelo y de allí se instaló en la débil frontera que separan los sueños de la realidad. De nada me servía ya pensar en ella, ella no existía como tal, se había transformado en una entidad de mi mente. Cuando caminaba iba observando el rostro de las otras mujeres, de cada una, minuciosamente. De unas me fijaba en su figura, otras se chocaban con mi mirada, en otras lo esencial era la manera en que la brisa ondeaba sus cabellos. Me daba igual si eran jóvenes o viejas, rubias o morenas, lo esencial consistía en hallar un rostro en cada mujer de ella, un sentido a su efímera existencia que me confirmara el rastro de un plan maestro.
     Al pasar los años intenté buscarla en otros puertos, intenté recordarla mediante la pintura, la fotografía; mi búsqueda me hizo asiduo a los burdeles, a los cabarets. Intenté olvidarla pero ni la guerra ni el matrimonio pudieron. No puedo seguir una cronología exacta de aquello sino una azarosa trayectoria por los meandros fluidos del tiempo. He hecho tanto bien como mal (eso, en cada momento, se vuelve relativo). He matado y he salvado la vida a indeseables, he pegado palizas a mi esposa y he encarcelado a pervertidores de menores, he consumido drogas y he donado un riñón. Hay muchas cosas de las que me he arrepentido pero si pudiera escoger una sería la de no haberme acercado aquella tarde a aquella joven y haberle alargado mi corazón, la de no haberle enjuagado sus lágrimas en mi hombro. Eso me pesará toda la vida, por poco que me quede ya. Pero ya es tarde para eso, tarde para dar marcha atrás.
 
 luna lunera

Una respuesta to “Creación literaria al recuerdo de un rostro que inspiró una carta de suicidio en una noche de luna llena”

  1. La aceituna balsera Says:

    Midnight´s Comin´ !!!!! Puta C.V !!!!

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