Archivo para crítica

Die Schneider Krankheit

Posted in Pecios with tags , on 22, octubre, 11 by La aceituna balsera

 
 

Cortometraje escrito y dirigido por un tipejo llamado Javier Chillón, que tiene toda la pinta de ser un chiflado de las aceitunas.

Cagaderos de España

Posted in Pensamientos no natos de Rocamadour with tags , , on 15, agosto, 09 by La aceituna balsera

Algún emprendedor de los que ahora se amontonan en las puertas de los bancos esperando crédito para poner otro bar u otra inmobiliaria, debería proponerse por fin hacer algo útil y elaborar, para adjuntar con algún suplemento dominical,  La Guía de Cagaderos de España. Simplemente la enumeración de todos ellos podría llevar años de ardua investigación y laborioso trabajo de campo y llenar fácilmente unos cuantos cientos de páginas; pero si además se tratase de un emprendedor realmente de ideas frescas y compusiese una clasificación por condiciones sanitarias, grado de intimidad y disimulo, comodidades, magnitud, ostentosidad, etc… el resultado sería una verdadera obra maestra de las guías de viajes. La Guía de Cagaderos de España incluiría desde la improvisada cuneta de carretera secundaria entre Torremolinos y Marbella a la vista de todos, hasta la más recóndita piedra almohadillada de musgo con vistas al Valle del Jerte, pasando por descampados, jardines, gasolineras, viejas aduanas,  túneles y parkings, por todos aquellos lugares que uno no reconoce hasta que se halla bien metido en ellos, y además los catalogaría en cagaderos de uno, dos, tres, cuatro y hasta cinco gurruños. Porque ¿quién no se ha visto por error en alguna ocasión rodeado por decenas de sospechosos y amarillentos pañuelos de papel? ¿Quién no ha sentido un sudor frío derramarse por la espina dorsal al intuir que se encuentra en un campo minado por misteriosos y prematuros fósiles, engendros de las profundas entrañas humanas? ¿Quién no ha experimentado helársele la sangre al escuchar el zumbido de un enjambre de moscas verdes aleteando espantadas al unísono? Sin duda pertenezco de manera involuntaria a este grupo de exploradores fortuitos de caminos poco transitados, espectadores accidentales del horror. Este manual de cabecera sería de interés para el hombre posmoderno orgulloso de su resplandeciente civilización, para el ciudadano de a pie comprometido con sus sólidas bases ideológicas, con la suela de sus exclusivos zapatos. Una labor cultural, un éxito comercial y un negocio seguro. Porque etiquetar los lugares llenos de mierda oculta sería ampliamente agradecido y pronto serviría de ejemplo para otros países occidentales. Y es que  nada nos avisa tampoco de que al entrar en tal o cual exposición de “arte”, o en aquella otra sala de proyección de “cine”, lo que en realidad hacemos es meternos hasta las cejas en uno de los cagaderos de la red nacional, o de que los sillones aterciopelados de conocidos contertulios de la tele o el escaño del honorable dirigente político del Ayuntamiento de tu ciudad esconden verdaderos zurullos humeantes, o de que las corbatas que engalanan los cuellos que ahora no dan crédito no han servido más que para limpiar algún noble culo y de que algunos de los contratos que firmamos no pasan de ser vulgares Kleenex® estampados; sin La Guía de Cagaderos de España nada nos previene de que el ponente en un curso de verano de la Universidad es un chorizo consumado todavía caliente. Porque la mierda es siempre mierda. Porque los cagaderos a menudo los encuentra uno donde menos se lo espera y adentrarse inadvertidamente en ellos resulta cuanto menos molesto. Aunque tal vez sea que profesamos una inconsciente fascinación por la caca.

Caca de  Piero Manzoni

Pie de foto: A Piero Manzoni no le tembló la mano al firmar su serie limitada y numerada de latas con su propio excremento dentro y no reculó al decidir avisar en el exterior de lo que había en el interior. A pesar de ello las vendió, según dicen, al valor de su peso en oro en aquel momento.

P.D. Investigando más sobre el tema ha salido a la luz que Manzoni se burló con sus latitas de Merda di Artista por partida doble, ya que al parecer no contienen mierda sino yeso, que vendió enlatado, eso sí,  a peso de oro… Apasionante. Para más detalles pincha aquí

Nota – Haciéndose eco de la sugerencia a nuestra guía, el todopoderoso Google Maps ya ha creado diferentes recorridos para ir de Repente a Kagar.

El vigilante

Posted in Pensamientos no natos de Rocamadour with tags , , , on 16, mayo, 09 by La aceituna balsera

Me gusta pensar que la cosa comenzó  cuando los monos  empezaron a ocupar las cuevas y uno de ellos, uno de los nuestros, era designado para, desde la entrada o desde el árbol más alto, avisar al grupo con enérgicos alaridos de la llegada de un extraño de otra manada, y se preparase para la lucha o llegado el caso para la huída. Debía de tratarse de monos con buena vista, y  presumiblemente sanos, fuertes y rápidos, por una cuestión básica de selección natural, ya que de haber sido monos tuertos, miopes del ojo bueno, casposos y carrasposos su eficacia como custodios quedaría seriamente menoscabada y por tanto la seguridad del grupo y  la perpetuación de su progenie. El mono a cargo de las labores de guardia no era un mono cualquiera, era un mono importante, era un mono de fiar. Me gusta pensar así, pero ciertamente no tengo la menor idea sobre esto. Supongo que en realidad todo empezó mucho antes, con enjambres de abejas volando en círculos o  con la primera ameba  fluorescente intermitente, supongo que poseemos un gen ancestral enterrado bien profundo en la cadena de ADN para la detección y la alarma, me gusta pensar así… El hombre, desde sus orígenes, aprendió la utilidad de delegar la función de vigilante del grupo en determinados individuos y aprendió prudentemente a confiar en ellos y a aceptar sus juicios. Por aquel entonces el cerebro humano estaría ya especializándose y volviéndose ahorrativo, preparando el enunciado inconsciente de la Ley del mínimo esfuerzo, pensando cosas como: “A partir de ahora me dedicaré exclusivamente a la cría de la rana mexicana de mirada fija del sur de Sri Lanka”,  y “Dejaré que otros se ocupen de pensar donde debo apoyar el culo”.

Sí, así debió  empezar todo esto.  Ahora, en esta  idolatrada era posmoderna, nos sentimos orgullosos de nuestro perfeccionado sistema de vigilancia de individuos de apariencia sospechosa y disfrutamos mostrando el contenido de nuestros bolsos a la salida de los centros comerciales, nos excitamos descalzándonos a petición de algún uniformado en los aeropuertos, – personalmente me obligaría a quitarme el cinturón al pasar por el humbral de cualquier puerta -, somos incuestionablemente felices respondiendo a preguntas indiscretas en cualquier estación de autobuses, ante cualquier pareja de vigilantes de incógnito, y nos gusta saber que los satélites que hemos puesto en órbita allá arriba están dotados de cámaras tan potentes que pueden delatar con su zoom el moco que llevamos escondido en la nariz en los días de lluvia y frío. Sí, estas pequeñas y potentes cámaras han conseguido entusiasmarnos hasta el extremo, nos han robado el corazón, nos tienen ciertamente a sus pies: en un garaje, al pasar delante de un cajero automático, en la avenida principal de la ciudad, en algún que otro parque, en los retretes de la empresa o detrás del espejo de tu casa, nunca se sabe, es tan emocionante… La vida en fragmentos intrusos.

Me gusta pensar que todo comenzó hace muchísimos años, que poseemos un gen ancestral que codifica imperturbable desde siempre las proteínas implicadas en nuestro sistema organizativo de vigilancia y alarma, y que no se trata llanamente de que nos hayamos vuelto  gilipollas de la noche a la mañana; quizás en realidad no tenga ni idea de todo este asunto…

 

Tu vigilante 

Crítica a la obra de arte inexistente

Posted in Entre la vigilia y el sueño with tags , , on 12, enero, 09 by La aceituna balsera

La obra en cuestión pertenece a uno de los autores más relevantes del mundo del arte, autor que se engloba dentro de los círculos artísticos más rígidos e inflexibles, formando parte de la influyente escuela del vacío, caracterizada sin duda por el dogma que rige todas sus actividades. Esta obra pertenece al llamado movimiento del materialismo oscuro, rama escultórica de dicha escuela y que tiene origen desconocido.

La obra, de la cual no se conserva información sobre su fecha de realización y de la que se desconoce con que material está construida, no se encuentra en ningún lugar. Su creador parece desvelar en su trabajo la angustia que le producen los espacios llenos, las formas, los fondos, todo aquello que ocupa un lugar. Es sin duda, el reflejo de una ansiedad personal ¿Es quizás el miedo a que no quede espacio?

 

la nada