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El café quita el sueño…

Posted in Entre la vigilia y el sueño with tags , , on 29, septiembre, 11 by La aceituna balsera

Café con leche. Llevo toda la noche soñando que me quemo la garganta. Toda la noche sintiendo que una fina capa de mi paladar blando se desprende y cae sobre mi epiglotis. Ronquido. Es el ruido que provoca el paso del poco aire que pasa a través de esa masa epitelial que ahora tapona mi tráquea. Me arde la boca, me duelen hasta los dientes. “Señora Pilar, por favor, un café con leche”. Dudo que llegue a despertar, dudo siquiera que esté durmiendo. “No, da igual, así está bien”. Otra vez olvidé pedir la leche templada. Me abraso, me duele. Joder, me he quemado la lengua. La última puta vez que me tomo un café y no pido la leche fría. Ronco y me quemo. Que manera más tonta de empezar un día o no acabar un sueño.

 

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Mamíferos

Posted in Pensamientos no natos de Rocamadour with tags , on 31, marzo, 11 by La aceituna balsera

 

Yo veo mamíferos.
Mamíferos con nombres extrañísimos.
Han olvidado que son mamíferos
y se creen obispos, fontaneros,
lecheros, diputados. ¿Diputados?
Yo veo mamíferos.

Policías, médicos, conserjes,
profesores, sastres, cantoautores.
¿Cantoautores?
Yo veo mamíferos…

Alcaldes, camareros, oficinistas, aparejadores
¡Aparejadores!
¡Cómo puede creerse aparejador un mamífero!
Miembros, sí, miembros, se creen miembros
del comité central, del colegio oficial de médicos…
Académicos, reyes, coroneles.
Yo veo mamíferos.

Actrices, putas, asistentas, secretarias,
directoras, lesbianas, puericultoras…
La verdad, yo veo mamíferos.
Nadie ve mamíferos,
nadie, al parecer, recuerda que es mamífero.
¿Seré yo el último mamífero?
Demócratas, comunistas, ajedrecistas,
periodistas, soldados, campesinos.
Yo veo mamíferos.

Marqueses, ejecutivos, socios,
italianos, ingleses, catalanes.
¿Catalanes?
Yo veo mamíferos.

Cristianos, musulmanes, coptos,
inspectores, técnicos, benedictinos,
empresarios, cajeros, cosmonautas…
Yo veo mamíferos.

Poema de Jesús Lizano.

 

Ojos

Posted in Pensamientos no natos de Rocamadour with tags , on 29, enero, 11 by La aceituna balsera

Amanece y abro los ojos; llueve con rabia y sin atisbo de lucha me vuelvo a entregar al imperio de las sábanas e inevitablemente cierro los ojos porque este día ya lo he visto. Tú no lo sabes, ni siquiera yo lo sé, pero cuando cojo un kiwi y lo abro por el medio no puedo evitar pensar en lo bonito que es por dentro, en la perfección de su naturaleza radial, en el brillo inmutable del verde de su pulpa, de lo que por fuera podría ser un pequeño animal muerto y lo hago siempre, sin saberlo, cada vez que como un kiwi y me intimida tanta vitamina fluorescente. Algo parecido me pasa con el hielo sumergido en un licor espeso, y el hielo se derrite sin notarlo. Y cuando escucho esa canción me pongo triste, tarareo y me acuerdo tristemente de la sonrisa esculpida en tus dientes de cemento, mientras pienso en otra cosa y si entonces tocan a misa insistentemente las campanas recuerdo, cómo no, cuánto odio los domingos lentos y de paso te odio un rato. Y si veo una escena iluminada pobremente instintivamente deduzco kilowatios y, si cojo un metro, sin querer lo divido siguiendo la regla de los tercios y coloco lo importante en uno de ellos, a ser posible en blanco y negro y en un piano, que ya por sí mismo es blanco y negro y me ahorra el proceso, busco invariablemente el Do, la tercera, la quinta y la séptima menor. Solías decir que es posible cambiar, que con voluntad somos capaces de cualquier cosa, que el ser humano es fuerte y en su mano, con un poco de suerte, se abre el universo entero y mil caminos. Querer es poder… Si fuese posible mirar el mundo con otros ojos… con los de otro, con otros cualquiera, no importa, salir de esta caja tan estrecha o ensanchar su minúscula ranura y ver otro mundo diferente hasta ahora inimaginable, personas y paisajes cotidianos nunca vistos, música con otra métrica, poesía con nuevas rimas, gestos sin los mismos vicios, lo bello y lo feo como nieve sin pisar, como cuando era niño, la mirada congelada de la infancia… Ser otro que no sea yo, vivir a través de cristales limpios… Un momento… ¡Basta! ¡Basta ya! Quizás exista una manera… si pudiese, si el miedo me dejase, si amontonase en un solo acto toda la voluntad de que dispongo, desde más abajo de las tripas, haciendo mucha fuerza podría al menos coger unas tijeras y… Aaaaaaaaaahhhhh!!!

Labios

Posted in Entre la vigilia y el sueño with tags , on 15, noviembre, 10 by La aceituna balsera

Se que no está bien, pero me excita. Me excita pensar en tus labios, humedecidos por saliva pero tan secos que se resquebrajan, que se abren y sangran. Y cuando te pasas la lengua para recoger las gotas del vino de vida, dejas que vea a través de tus grietas. Y dentro aparece un nuevo escenario, y mientras en él un funambulista atraviesa la cuerda de saliva que cruza la grieta. Y mientras en él un artista sentado vomita y se queda vacío. Y durante ese rato me olvido de ti, de todo lo que rodea a esos labios. Y la grieta se abre y se abre, y desde dentro me miran y observan mis grietas, y se asustan los artistas, los funambulistas. Observan las grietas que hay en mis ojos, que se abren y dejan que pase la luz. Y observan mi alma, y se asustan.

 

Sueños y desvelos: Perspectiva 1

Posted in Entre la vigilia y el sueño with tags , on 08, junio, 10 by La aceituna balsera

Durmieron juntos muy cerca entre sí; toda la noche, interminables horas. Al principio su cabeza apoyaba descansada en el hombro de él. El cabello revuelto le hacía cosquillas en la nariz; no quería moverse, no quería rascarse, no quería dejar de aspirar su aroma. El cansancio afloraba, los ojos empezaban a escocer de sueño, los bostezos se reprimían en un mar de dudas; dudas acerca de ella, acerca de él, dudas sobre su situación. Una jornada cansada que terminaba de aquella extraña manera: íntima y aséptica. Nunca hubiera llegado a pensar que estaría tan cerca de ella, memorizando cada rizo, cada mechón que se oponía rebelde al resto, cada pequeña arruga que se fruncía despistada entre un mar de placidez. Y es que su relación pasó tan brevemente de lo profesional a lo oficioso que no conseguía discernir cuando cambiaron ambos conceptos. Apenas se acordaba de su anterior vida sin ella porque creía, pese a lo cursi, que sin ella ya nada tendría sentido.

Abrió de repente los ojos. Se percató que estaba empezando a cabecear; tenía sueño, pensaba tanto y hacía tan poco… Se esforzó en permanecer despierto un poco más, conteniendo el aliento para evitar que aquellos instantes se escapasen en una exhalación. Un duermevela se iba apoderando poco a poco de él, suavemente. Se iba deslizando por un torbellino de sensaciones, de ilusiones que lo transportaban a un sitio donde las cosas no son lo que son sino lo que queremos que sean, a un sitio donde no hay lugar para la resignación y la cobardía. Su cuerpo sucumbió al fin, su mente ya hacía rato lo había hecho, y quedó dormido en su regazo.

 

 

 

Anhelos, helos, helos…

Posted in Personajes Nocturnos with tags , , on 28, mayo, 09 by La aceituna balsera

Vale, bésame… pero esta vez hazlo despacio, suave, como una caricia, como si te diera miedo besarme, como si mis labios fueran porcelana tan frágil que con solo rozarla se puede romper… porque solo de esa manera me dejaré besar.

Porque necesito sentir que alguien me cuida, que me puedo relajar… que puedo cerrar los ojos y puedo  olvidar. Que por una vez no tengo que pensar en ti, y en lo que me estás haciendo ni en lo que tú necesitas. Que puedo cerrar los ojos y estar segura que mientras me besas no tengo que pensar.

Si lo que quieres es lo de siempre, no te acerques.

No me beses a degüello ni me arranques la ropa mientras me empujas contra la pared. No me agarres de las nalgas como si me fuera a escapar, ni me tires sobre el sofá con violencia. No jadees en mi oído palabras necias . ¡No!  Eso lo harás otro día.

Solo bésame, acaríciame, dejando pasar el tiempo… sin pensar en ti… como si fuera la primera vez que ves el cuerpo desnudo de una mujer… como si alguna vez llegaras a enamorarte de mi… aunque luego, como haces otros días, dejes el dinero encima de la mesa.

Otro día te compensaré.

Aquel montón de ruinas...

 

El vigilante

Posted in Pensamientos no natos de Rocamadour with tags , , , on 16, mayo, 09 by La aceituna balsera

Me gusta pensar que la cosa comenzó  cuando los monos  empezaron a ocupar las cuevas y uno de ellos, uno de los nuestros, era designado para, desde la entrada o desde el árbol más alto, avisar al grupo con enérgicos alaridos de la llegada de un extraño de otra manada, y se preparase para la lucha o llegado el caso para la huída. Debía de tratarse de monos con buena vista, y  presumiblemente sanos, fuertes y rápidos, por una cuestión básica de selección natural, ya que de haber sido monos tuertos, miopes del ojo bueno, casposos y carrasposos su eficacia como custodios quedaría seriamente menoscabada y por tanto la seguridad del grupo y  la perpetuación de su progenie. El mono a cargo de las labores de guardia no era un mono cualquiera, era un mono importante, era un mono de fiar. Me gusta pensar así, pero ciertamente no tengo la menor idea sobre esto. Supongo que en realidad todo empezó mucho antes, con enjambres de abejas volando en círculos o  con la primera ameba  fluorescente intermitente, supongo que poseemos un gen ancestral enterrado bien profundo en la cadena de ADN para la detección y la alarma, me gusta pensar así… El hombre, desde sus orígenes, aprendió la utilidad de delegar la función de vigilante del grupo en determinados individuos y aprendió prudentemente a confiar en ellos y a aceptar sus juicios. Por aquel entonces el cerebro humano estaría ya especializándose y volviéndose ahorrativo, preparando el enunciado inconsciente de la Ley del mínimo esfuerzo, pensando cosas como: “A partir de ahora me dedicaré exclusivamente a la cría de la rana mexicana de mirada fija del sur de Sri Lanka”,  y “Dejaré que otros se ocupen de pensar donde debo apoyar el culo”.

Sí, así debió  empezar todo esto.  Ahora, en esta  idolatrada era posmoderna, nos sentimos orgullosos de nuestro perfeccionado sistema de vigilancia de individuos de apariencia sospechosa y disfrutamos mostrando el contenido de nuestros bolsos a la salida de los centros comerciales, nos excitamos descalzándonos a petición de algún uniformado en los aeropuertos, – personalmente me obligaría a quitarme el cinturón al pasar por el humbral de cualquier puerta -, somos incuestionablemente felices respondiendo a preguntas indiscretas en cualquier estación de autobuses, ante cualquier pareja de vigilantes de incógnito, y nos gusta saber que los satélites que hemos puesto en órbita allá arriba están dotados de cámaras tan potentes que pueden delatar con su zoom el moco que llevamos escondido en la nariz en los días de lluvia y frío. Sí, estas pequeñas y potentes cámaras han conseguido entusiasmarnos hasta el extremo, nos han robado el corazón, nos tienen ciertamente a sus pies: en un garaje, al pasar delante de un cajero automático, en la avenida principal de la ciudad, en algún que otro parque, en los retretes de la empresa o detrás del espejo de tu casa, nunca se sabe, es tan emocionante… La vida en fragmentos intrusos.

Me gusta pensar que todo comenzó hace muchísimos años, que poseemos un gen ancestral que codifica imperturbable desde siempre las proteínas implicadas en nuestro sistema organizativo de vigilancia y alarma, y que no se trata llanamente de que nos hayamos vuelto  gilipollas de la noche a la mañana; quizás en realidad no tenga ni idea de todo este asunto…

 

Tu vigilante