Archivo para reflexiones

El café quita el sueño…

Posted in Entre la vigilia y el sueño with tags , , on 29, septiembre, 11 by La aceituna balsera

Café con leche. Llevo toda la noche soñando que me quemo la garganta. Toda la noche sintiendo que una fina capa de mi paladar blando se desprende y cae sobre mi epiglotis. Ronquido. Es el ruido que provoca el paso del poco aire que pasa a través de esa masa epitelial que ahora tapona mi tráquea. Me arde la boca, me duelen hasta los dientes. “Señora Pilar, por favor, un café con leche”. Dudo que llegue a despertar, dudo siquiera que esté durmiendo. “No, da igual, así está bien”. Otra vez olvidé pedir la leche templada. Me abraso, me duele. Joder, me he quemado la lengua. La última puta vez que me tomo un café y no pido la leche fría. Ronco y me quemo. Que manera más tonta de empezar un día o no acabar un sueño.

 

El Gran Hongo

Posted in Pensamientos no natos de Rocamadour with tags , , on 02, mayo, 11 by La aceituna balsera

 

 

Dice el escritor y filósofo barcelonés Rafael Argullol en su libro El fin del mundo como obra de arte que “esta Imagen es, con mucha distancia, la más poderosa entre las creadas por el hombre”, dando lugar a un paisaje desprovisto de orden, de formas y de hombres ante el que el espectador se encuentra súbitamente sin lenguaje. Y aún sin lenguaje ciertos presagios se convierten en certidumbres. “Una fuerza primigenia ha sido emancipada de sus lazos tras haber estado encadenada durante millones de años y la humanidad, en el futuro, deberá convivir con ella. Los emancipadores de esta fuerza no son poetas o escultores sino físicos, más no han hecho sino utilizar el mismo procedimiento auspiciado por muchos artistas.” (al desnudar la materia liberando las formas ocultas en la naturaleza.) El Gran Hongo se ha convertido en el icono más popular de nuestra cultura, representando el peor de los infiernos imaginados y creados por el hombre, abriendo la puerta, una vez más a la luz de la destrucción, de la autodestrucción.

Pero “los ídolos, tras ser temidos deben ser conjurados a través de un ejercicio de intimidad que, al provocar la saturación de las emociones, aligera el peso del miedo originario”.  “La Imagen no sería en ningún modo soportable si no hubiera sido trasfigurada, paródicamente, hasta ser convertida en decorado bajo cuyo fondo se puede bailar, reír o cantar como bailaban, reían o cantaban los acólitos de todas las religiones ante los decorados grotescos en que se representaba su condena”. Así se “diluye su carga de terror al propagarse como demonio familiar junto al que se convive y, mediante el escepticismo causado por su presencia reiterada, se sobrevive.”

 

 

Pie de foto: ilustración del disco de PWMP No me hagáis fingir

Cagaderos de España

Posted in Pensamientos no natos de Rocamadour with tags , , on 15, agosto, 09 by La aceituna balsera

Algún emprendedor de los que ahora se amontonan en las puertas de los bancos esperando crédito para poner otro bar u otra inmobiliaria, debería proponerse por fin hacer algo útil y elaborar, para adjuntar con algún suplemento dominical,  La Guía de Cagaderos de España. Simplemente la enumeración de todos ellos podría llevar años de ardua investigación y laborioso trabajo de campo y llenar fácilmente unos cuantos cientos de páginas; pero si además se tratase de un emprendedor realmente de ideas frescas y compusiese una clasificación por condiciones sanitarias, grado de intimidad y disimulo, comodidades, magnitud, ostentosidad, etc… el resultado sería una verdadera obra maestra de las guías de viajes. La Guía de Cagaderos de España incluiría desde la improvisada cuneta de carretera secundaria entre Torremolinos y Marbella a la vista de todos, hasta la más recóndita piedra almohadillada de musgo con vistas al Valle del Jerte, pasando por descampados, jardines, gasolineras, viejas aduanas,  túneles y parkings, por todos aquellos lugares que uno no reconoce hasta que se halla bien metido en ellos, y además los catalogaría en cagaderos de uno, dos, tres, cuatro y hasta cinco gurruños. Porque ¿quién no se ha visto por error en alguna ocasión rodeado por decenas de sospechosos y amarillentos pañuelos de papel? ¿Quién no ha sentido un sudor frío derramarse por la espina dorsal al intuir que se encuentra en un campo minado por misteriosos y prematuros fósiles, engendros de las profundas entrañas humanas? ¿Quién no ha experimentado helársele la sangre al escuchar el zumbido de un enjambre de moscas verdes aleteando espantadas al unísono? Sin duda pertenezco de manera involuntaria a este grupo de exploradores fortuitos de caminos poco transitados, espectadores accidentales del horror. Este manual de cabecera sería de interés para el hombre posmoderno orgulloso de su resplandeciente civilización, para el ciudadano de a pie comprometido con sus sólidas bases ideológicas, con la suela de sus exclusivos zapatos. Una labor cultural, un éxito comercial y un negocio seguro. Porque etiquetar los lugares llenos de mierda oculta sería ampliamente agradecido y pronto serviría de ejemplo para otros países occidentales. Y es que  nada nos avisa tampoco de que al entrar en tal o cual exposición de “arte”, o en aquella otra sala de proyección de “cine”, lo que en realidad hacemos es meternos hasta las cejas en uno de los cagaderos de la red nacional, o de que los sillones aterciopelados de conocidos contertulios de la tele o el escaño del honorable dirigente político del Ayuntamiento de tu ciudad esconden verdaderos zurullos humeantes, o de que las corbatas que engalanan los cuellos que ahora no dan crédito no han servido más que para limpiar algún noble culo y de que algunos de los contratos que firmamos no pasan de ser vulgares Kleenex® estampados; sin La Guía de Cagaderos de España nada nos previene de que el ponente en un curso de verano de la Universidad es un chorizo consumado todavía caliente. Porque la mierda es siempre mierda. Porque los cagaderos a menudo los encuentra uno donde menos se lo espera y adentrarse inadvertidamente en ellos resulta cuanto menos molesto. Aunque tal vez sea que profesamos una inconsciente fascinación por la caca.

Caca de  Piero Manzoni

Pie de foto: A Piero Manzoni no le tembló la mano al firmar su serie limitada y numerada de latas con su propio excremento dentro y no reculó al decidir avisar en el exterior de lo que había en el interior. A pesar de ello las vendió, según dicen, al valor de su peso en oro en aquel momento.

P.D. Investigando más sobre el tema ha salido a la luz que Manzoni se burló con sus latitas de Merda di Artista por partida doble, ya que al parecer no contienen mierda sino yeso, que vendió enlatado, eso sí,  a peso de oro… Apasionante. Para más detalles pincha aquí

Nota – Haciéndose eco de la sugerencia a nuestra guía, el todopoderoso Google Maps ya ha creado diferentes recorridos para ir de Repente a Kagar.

El vigilante

Posted in Pensamientos no natos de Rocamadour with tags , , , on 16, mayo, 09 by La aceituna balsera

Me gusta pensar que la cosa comenzó  cuando los monos  empezaron a ocupar las cuevas y uno de ellos, uno de los nuestros, era designado para, desde la entrada o desde el árbol más alto, avisar al grupo con enérgicos alaridos de la llegada de un extraño de otra manada, y se preparase para la lucha o llegado el caso para la huída. Debía de tratarse de monos con buena vista, y  presumiblemente sanos, fuertes y rápidos, por una cuestión básica de selección natural, ya que de haber sido monos tuertos, miopes del ojo bueno, casposos y carrasposos su eficacia como custodios quedaría seriamente menoscabada y por tanto la seguridad del grupo y  la perpetuación de su progenie. El mono a cargo de las labores de guardia no era un mono cualquiera, era un mono importante, era un mono de fiar. Me gusta pensar así, pero ciertamente no tengo la menor idea sobre esto. Supongo que en realidad todo empezó mucho antes, con enjambres de abejas volando en círculos o  con la primera ameba  fluorescente intermitente, supongo que poseemos un gen ancestral enterrado bien profundo en la cadena de ADN para la detección y la alarma, me gusta pensar así… El hombre, desde sus orígenes, aprendió la utilidad de delegar la función de vigilante del grupo en determinados individuos y aprendió prudentemente a confiar en ellos y a aceptar sus juicios. Por aquel entonces el cerebro humano estaría ya especializándose y volviéndose ahorrativo, preparando el enunciado inconsciente de la Ley del mínimo esfuerzo, pensando cosas como: “A partir de ahora me dedicaré exclusivamente a la cría de la rana mexicana de mirada fija del sur de Sri Lanka”,  y “Dejaré que otros se ocupen de pensar donde debo apoyar el culo”.

Sí, así debió  empezar todo esto.  Ahora, en esta  idolatrada era posmoderna, nos sentimos orgullosos de nuestro perfeccionado sistema de vigilancia de individuos de apariencia sospechosa y disfrutamos mostrando el contenido de nuestros bolsos a la salida de los centros comerciales, nos excitamos descalzándonos a petición de algún uniformado en los aeropuertos, – personalmente me obligaría a quitarme el cinturón al pasar por el humbral de cualquier puerta -, somos incuestionablemente felices respondiendo a preguntas indiscretas en cualquier estación de autobuses, ante cualquier pareja de vigilantes de incógnito, y nos gusta saber que los satélites que hemos puesto en órbita allá arriba están dotados de cámaras tan potentes que pueden delatar con su zoom el moco que llevamos escondido en la nariz en los días de lluvia y frío. Sí, estas pequeñas y potentes cámaras han conseguido entusiasmarnos hasta el extremo, nos han robado el corazón, nos tienen ciertamente a sus pies: en un garaje, al pasar delante de un cajero automático, en la avenida principal de la ciudad, en algún que otro parque, en los retretes de la empresa o detrás del espejo de tu casa, nunca se sabe, es tan emocionante… La vida en fragmentos intrusos.

Me gusta pensar que todo comenzó hace muchísimos años, que poseemos un gen ancestral que codifica imperturbable desde siempre las proteínas implicadas en nuestro sistema organizativo de vigilancia y alarma, y que no se trata llanamente de que nos hayamos vuelto  gilipollas de la noche a la mañana; quizás en realidad no tenga ni idea de todo este asunto…

 

Tu vigilante 

Oda al ser humano y aDiós

Posted in Entre la vigilia y el sueño with tags on 27, marzo, 09 by La aceituna balsera

Hola, guapo, no sabes cuanto te he estado esperando“, me dijo ella. Allí, tan quieta, tan misteriosa, tan segura de que realmente era a mí a quien sin duda llevaba tanto tiempo esperando.

Creo que ha llegado el momento” apresuraba a decir para evitar cualquier otro desvío en la conversación, mientras suavemente, flotando, su inmensidad celular se dirigía hacia a mí. Sin saber por qué, mi flagelo se movía alocadamente y de forma irremediable dirigía mi cabeza hacia su redondeado cuerpo. Así culminó mi existencia como espermatozoide, en poco tiempo, mi anhelado óvulo y yo nos vimos convertidos en este indefenso bebé, otrora feto, que tanta inquietud despierta.

Tiempo después el niño crecerá, aprenderá la conducta de sus semejantes, aunque él no quiera, pronto lo unirá a su particular forma de ser, pensará que es mejor que el resto de sus semejantes, pensará que es un inútil, hará reír, llorar, reirá y llorará, pegará y será pegado, estudiará, delinquirá, se emborrachará, fumará, prohibirá beber y fumar, matará, será juez, será cura, salvará vidas, será político, será un dictador, será uno más, será pacifista, será un artista, será un vagabundo, será un visionario, será maestro, será inventor, fundará una secta, seguirá una religión, hará todo lo anterior en distintas etapas de su vida…

Pero sobre todo, será malo, será un desgraciado; porque ha nacido para sobrevivir, y aunque luche por ello siempre le acechará una ocasión en la cual demostrar cuan ruin es. Porque todo el mundo es un hijo de puta hasta que demuestre lo contrario. Y lo será, lo llamará y se lo llamarán.

 

inmensidad celular pluripotencial

Verdad universal III

Posted in Pensamientos no natos de Rocamadour with tags on 05, marzo, 09 by La aceituna balsera

A estas alturas todo parece indicar que el ser humano trata de ser la mejor manera organizativa que han encontrado la materia y la energía para intentar comprenderse a sí mismas…  Resulta espeluznante imaginarse los restos desperdigados del núcleo hiperdenso del Big-Bang reagrupándose tenaz y concienzudamente  tras millones de millones de años en improbables  e intencionadas biomóleculas que  formen cerebros y que algunos de los cuales, escasísimos, sean capaces de aprender e  interpretar tanta información flotante y construir aceleradores de partículas subatómicas…

 

organización atómica

La luz de la destrucción

Posted in Pecios with tags , on 08, diciembre, 08 by La aceituna balsera

 

La luz de la destrucción,

la riqueza de las desgracias,

el dulzor del fracaso;

El luto del carnaval,

el viaje sin destino de los trenes,                       

las tormentas con truenos,

relámpagos,

sin lluvia;

El dolor por nada, la nada que invade todo, toda la nada que nada en todo;

La descripción, la reflexión, la pasividad, la epopeya, la naturalidad, lo artificioso, la finalidad.

Mi antigua libertad, mi querida esclavitud, mis pensamientos a musas, la incomprensión.

 

     *     *     *     *     *     *     *     * 

 

Sueño con quimeras imposibles

que talan ideas de mi mente

para sembrar

en pequeñas parcelas adyacentes

semillas de loco frenesí.

Aúllo a la luna mi cobardía,

De no decir lo pensado sin pensar

Y lloro a la noche mis penas

Vislumbradas en un vaso de cristal.

Frente a un espejo mi reflejo

más allá de su hipocresía no ve

De dos personajes desdoblados

Su persona ni su ser.

 

     *     *     *     *     *     *     *     * 

 

Cuando la tristeza, sola y llana, te aconseja no la dejes de escuchar. Siempre que ella está presente, tú estás más cerca de tu alma, siempre que ella te reclama, tú te sientes más cercano a ti; y te preguntas para qué sirves, porque estás así, tus pensamientos por qué no te dejan en paz, tus sueños por qué son como son, la gente por qué existe, tú por qué existes, existe algo que se pueda considerar divinidad o es esta divinidad nuestra propia degradación; vicios y prejuicios de una inmunda desolación. Cuando estás así no sabes ni lo que escribes porque las propias letras son cárceles para nuestra expresión; pero pensamos en letras, en imágenes, en sonidos, soñamos en una realidad que existe aunque esté alterada. Y sin embargo, sabemos que tiene que haber algo más pero no sabemos qué es y siguiendo con todo continuamos pensando y no sabemos canalizar nuestra energía como lo haría un mosquito para poder volar; y sí, eso es lo que queremos, volar, desaparecer, realizar lo inverosímil, obtener lo imposible sin arrepentimientos; y si tenemos conciencia es porque es nuestro peor castigo, nuestra peor arma destructora, pensamos demasiado, lo animales no piensan y por eso viven tranquilos, el día a día, sin futuro, sin más. Nosotros, en cambio, no. Tenemos esa luz que es la conciencia, esa luz de la destrucción.

 

la luz de la destruccion