Archivo para relato

Descubrimiento histórico

Posted in Pensamientos no natos de Rocamadour with tags , , on 10, octubre, 11 by La aceituna balsera

 

Biólogos y antropólogos de todo el mundo se encuentran sumidos en el desconcierto desde que en el día de ayer aparecieran los restos de lo que parece ser una especie humanoide poco estudiada y probablemente extinguida a finales del siglo pasado. El cuerpo sin vida se encontraba, según fuentes cercanas a la policía, en el interior de un Seat Panda del 82 de color blanco hallado en un descampado en las inmediaciones del estadio de Monjuic, en Barcelona, en el que todo indica debió quedar atrapado contra su voluntad, a juzgar por los signos de lucha encontrados en sus manos. El cuerpo muestra un aspecto similar al de nuestra especie aunque con diferencias morfológicas que apuntan un origen desconocido. Se trabaja con la hipótesis de que fuese encerrado en el vehículo y abandonado a su suerte, donde debió sufrir sus agónicas últimas horas. El buen estado de los restos señala que el individuo podría poseer alguna extraña propiedad parecida a la incorruptibilidad, por lo que los más arriesgados ya han declarado que podría tratarse del último ejemplar conocido de político honesto.

 

 

Ojos

Posted in Pensamientos no natos de Rocamadour with tags , on 29, enero, 11 by La aceituna balsera

Amanece y abro los ojos; llueve con rabia y sin atisbo de lucha me vuelvo a entregar al imperio de las sábanas e inevitablemente cierro los ojos porque este día ya lo he visto. Tú no lo sabes, ni siquiera yo lo sé, pero cuando cojo un kiwi y lo abro por el medio no puedo evitar pensar en lo bonito que es por dentro, en la perfección de su naturaleza radial, en el brillo inmutable del verde de su pulpa, de lo que por fuera podría ser un pequeño animal muerto y lo hago siempre, sin saberlo, cada vez que como un kiwi y me intimida tanta vitamina fluorescente. Algo parecido me pasa con el hielo sumergido en un licor espeso, y el hielo se derrite sin notarlo. Y cuando escucho esa canción me pongo triste, tarareo y me acuerdo tristemente de la sonrisa esculpida en tus dientes de cemento, mientras pienso en otra cosa y si entonces tocan a misa insistentemente las campanas recuerdo, cómo no, cuánto odio los domingos lentos y de paso te odio un rato. Y si veo una escena iluminada pobremente instintivamente deduzco kilowatios y, si cojo un metro, sin querer lo divido siguiendo la regla de los tercios y coloco lo importante en uno de ellos, a ser posible en blanco y negro y en un piano, que ya por sí mismo es blanco y negro y me ahorra el proceso, busco invariablemente el Do, la tercera, la quinta y la séptima menor. Solías decir que es posible cambiar, que con voluntad somos capaces de cualquier cosa, que el ser humano es fuerte y en su mano, con un poco de suerte, se abre el universo entero y mil caminos. Querer es poder… Si fuese posible mirar el mundo con otros ojos… con los de otro, con otros cualquiera, no importa, salir de esta caja tan estrecha o ensanchar su minúscula ranura y ver otro mundo diferente hasta ahora inimaginable, personas y paisajes cotidianos nunca vistos, música con otra métrica, poesía con nuevas rimas, gestos sin los mismos vicios, lo bello y lo feo como nieve sin pisar, como cuando era niño, la mirada congelada de la infancia… Ser otro que no sea yo, vivir a través de cristales limpios… Un momento… ¡Basta! ¡Basta ya! Quizás exista una manera… si pudiese, si el miedo me dejase, si amontonase en un solo acto toda la voluntad de que dispongo, desde más abajo de las tripas, haciendo mucha fuerza podría al menos coger unas tijeras y… Aaaaaaaaaahhhhh!!!

Sueños y desvelos: Perspectiva 1

Posted in Entre la vigilia y el sueño with tags , on 08, junio, 10 by La aceituna balsera

Durmieron juntos muy cerca entre sí; toda la noche, interminables horas. Al principio su cabeza apoyaba descansada en el hombro de él. El cabello revuelto le hacía cosquillas en la nariz; no quería moverse, no quería rascarse, no quería dejar de aspirar su aroma. El cansancio afloraba, los ojos empezaban a escocer de sueño, los bostezos se reprimían en un mar de dudas; dudas acerca de ella, acerca de él, dudas sobre su situación. Una jornada cansada que terminaba de aquella extraña manera: íntima y aséptica. Nunca hubiera llegado a pensar que estaría tan cerca de ella, memorizando cada rizo, cada mechón que se oponía rebelde al resto, cada pequeña arruga que se fruncía despistada entre un mar de placidez. Y es que su relación pasó tan brevemente de lo profesional a lo oficioso que no conseguía discernir cuando cambiaron ambos conceptos. Apenas se acordaba de su anterior vida sin ella porque creía, pese a lo cursi, que sin ella ya nada tendría sentido.

Abrió de repente los ojos. Se percató que estaba empezando a cabecear; tenía sueño, pensaba tanto y hacía tan poco… Se esforzó en permanecer despierto un poco más, conteniendo el aliento para evitar que aquellos instantes se escapasen en una exhalación. Un duermevela se iba apoderando poco a poco de él, suavemente. Se iba deslizando por un torbellino de sensaciones, de ilusiones que lo transportaban a un sitio donde las cosas no son lo que son sino lo que queremos que sean, a un sitio donde no hay lugar para la resignación y la cobardía. Su cuerpo sucumbió al fin, su mente ya hacía rato lo había hecho, y quedó dormido en su regazo.

 

 

 

Absurdo

Posted in Pensamientos no natos de Rocamadour with tags , on 20, mayo, 10 by La aceituna balsera

Se quedó mirando fijamente; la llama de la vela no dejaba de moverse  y no pudo evitar pensar en cómo trascurría su vida. Tanto tiempo buscando lo racional y ahora se movía en el mundo más absurdo que jamás hubiera imaginado, no le habían educado para eso y cada vez se sentía más lejos de poder llegar a lo que ella había soñado. Sabía que la racionalidad se cultivaba en terrenos especiales pero creía que siempre estaría rodeada de ella porque se había molestado en cultivarla, alimentarla, y mimarla. Al final no era así; se movía en un mundo absurdo, la gente tomaba decisiones absurdas y le obligaba a llevar a cabo acciones absurdas, cabrearse por cosas absurdas y escuchar conversaciones absurdas. Y lo más absurdo de todo, era pensar todo esto bajo la llama de una vela cuando ya hacía media hora que había vuelto la luz. Y es cuando se dio cuenta, que le gustaba mucho más lo absurdo de la vida a media luz, que la racionalidad con luz completa, porque se sufría más. Se quedó mirando fijamente; la llama de la vela no dejaba de moverse y no pudo evitar pensar en cómo transcurría su vida.

 

 

Pie de foto: El graffiti es obra de Banksy. Entra en su página pinchando aquí.

El joven Leriche

Posted in Entre la vigilia y el sueño with tags on 20, octubre, 09 by La aceituna balsera

Dominique Leriche vino al mundo cuando el siglo XIX empezaba a asomarse a su inesperado fin. Tuvo una infancia feliz en la campiña francesa y fue enviado por sus padres a estudiar a París, donde vivió durante unos años en un sórdido Colegio Menor y terminó por licenciarse en Medicina y Cirugía. Desde joven Leriche iba  elegantemente vestido y le acompañaban siempre un  bastón, una discreta pajarita y un bombín en la cabeza. El bastón de Leriche llevaba una serpiente tallada en marfil por empuñadura. Un cuidado y largo bigote adornaba su tersa boca como lo hace el clavel en la solapa. Parece ser que Leriche, aún viviendo solo, se vestía cada noche de etiqueta para cenar y la blanca pechera almidonada de su camisa producía en la silenciosa habitación un leve crujido rítmico al compás de la respiración. Al joven Leriche le encantaba el buen vino y la cocina francesa; sabía apreciar las pequeñas cosas de la vida y también se dejaba fácilmente fascinar por la grandilocuencia de lo efímero. Desde muy temprana edad fue un impenitente admirador de arte, atesorando con el tiempo una bella colección de pinturas de los artistas más vanguardistas. Pero Dominique Leriche no era un joven cualquiera: tenía una pequeña obsesión. Quienes le conocieron cuentan que en una ocasión el joven Leriche empujó involuntariamente a una anciana al bajar de un tranvía, de suerte que la señora mayor, si bien no corrió ningún riesgo, se llevó un susto de muerte. Leriche siguió su camino como si nada hubiese sucedido, y la señora mayor, ofendida, le recriminó su comportamiento; Dominique, alejándose y mostrando extremo desdén, se burló para sus adentros de la torpe anciana y su lentitud. Tal era el desprecio que el  joven Leriche sentía por la tercera edad  y todo lo que representaba. Leriche detestaba el olor procedente de los ancianos de tal manera que tapaba su nariz con un pañuelo sin ningún reparo cuando debía acercarse a examinar a algún paciente aquejado de vejez. No cedía nunca el asiento ni ayudaba jamás a cruzar la calle a un desvalido cuerpo añoso, incapaz de sostenerse con sus propias piernas. Pensar en el tacto de un cráneo calvo llegaba a producirle escalofríos. Imaginar la incontinencia le dejaba postrado durante días en la cama, mareado y nauseoso. Contemplar una boca desdentada era la imagen misma del infierno para el joven Leriche.

Sin duda no era un joven cualquiera. Cuando Leriche miraba a un anciano veía algo que no era capaz de aceptar y de lo que no podría escapar: su propio destino.

 

Eternamente joven...

Naufragio

Posted in Entre la vigilia y el sueño with tags on 08, octubre, 09 by La aceituna balsera

1 de Septiembre. Aquí las cosas no han cambiado. La búsqueda continúa. Desde que ella desapareció entre esa niebla, no nos hemos tomado un descanso. El agotamiento comienza a pasarnos factura. Ayer creímos haber visto su sombrero entre unas rocas arrastrado por el oleaje. No eran más que unas algas pegadas a un trozo de cuerda. El viento empieza a soplar de nuevo y nos retiramos con primeros síntomas de hipotermia. Mañana continuaremos su búsqueda.

17 de Septiembre. Todo sigue igual. Desde arriba nos dicen que no desesperemos, que tengamos paciencia porque tarde o temprano apareceran nuevas pistas que nos lleven hasta ella. La verdad es que llevamos así varios meses y esta espera nos está desquiciando. Hoy hemos vuelto a ver algo en el mar que parecía un sombrero de flores, y que la corriente acercaba poco a poco a la playa. Al acercarnos a la orilla nos dimos cuenta que se trataba de un madero podrido.

9 de Octubre. Al fin la encontramos. Como cada día salimos al amanecer en su búsqueda. Al cabo de un rato, visualizamos algo en el mar, un cuerpo inerte que llevaba un sombrero de flores. Las olas parecían bailar con él, hasta que el mar, cansado ya de la misma música, en una sacudida de espuma y sal, escupió sus restos sobre las rocas. Y como venía sucediéndome estos últimos 6 años, comprobé de nuevo que aquello que el mar había devuelto con rabia a tierra, no eran más que restos de un barco naufragado quizás hace años. Quisiste tranquilizarme y darme de nuevo esperanzas, pero yo no quería escuchar más palabras. Intentaste convencerme y hacer que olvidara nuestro nuevo fracaso, pero yo ya no tenía más fuerzas. No te callabas, volvías una y otra vez a decirme que siguieramos, insistías y me empujabas. Yo no podía más y en un arrebato de furia golpeé tu cabeza contra aquel madero. Tu sombrero de flores cubría tu rostro ensangrentado lleno de arena. Al fin te había encontrado.

 

Detrás de la puerta

Posted in Personajes Nocturnos with tags , on 11, septiembre, 09 by La aceituna balsera

Y casi, en el trémulo temblor de la madrugada, horas antes de su muerte ante el amanecer, brillaba una luz tenue en una de las estancias de aquel tenebroso lugar. Las voces, aún despiertas, se ahogaban en el humo de los cigarrillos que se consumían entre las miradas de aquellas conversaciones inútiles. Espesos y lechosos sentimientos recorrían nuestros cuerpos como el helador aire que entraba por la ventana entreabierta y la sangre aún caliente impedía que se apagase aquella última luz encendida. Emociones extrañas, copiosas risas, vaho  etílico condensando impávido en la raída moqueta, apuestas con cheques sin fondos, algunas lágrimas contenidas hacia la garganta, desesperación imprevista y un disimulado temor al malévolo tiempo que nunca se detiene y transcurre inmutable a lo que tiene que suceder. Desde fuera los vecinos escuchaban el rugido de un enorme león domesticado.

Sin embargo la memoria caprichosa siempre olvida y arrastra con los nuevos rayos de sol las hojas que cayeron durante esas horas luminosas de nuestra decadencia y es al volver el rostro al lado oscuro de la luna, allí dónde mostramos todo aquello que no podemos dejar ver, cuando aquellos borradores de ideas que pensábamos haber tirado a la papelera, que creímos engullidos por el tiempo, surgen como nuevos problemas desconocidos e intrigantes acertijos del mañana, en una bola de papel arrugada detrás de la puerta. Saturno devorando a un hijo